Recuerdo que cuando me dolía la garganta siendo pequeño me daban leche caliente con miel para aliviarme; costumbre que sigo manteniendo.
Las referencias históricas a la miel son innumerables, de lo que he leído lo más antiguo se remonta a 7000 años antes de Cristo en representaciones rupestres, también se utilizaba en el antiguo Egipto, para griegos era un complemento en la cocina para elaborar salsas y guisos y un manjar muy apreciado para los romanos que lo utilizaban en la elaboración de pasteles, acompañamiento de carnes y el mulsum, una mezcla de vino y miel que se bebía antes de las comidas.
Citas literarias e históricas a la miel son infinitas, pero quizás las más conocidas en la actualidad sean el famoso refrán “no está hecha la miel para la boca del asno” o las referencias en la película “Bee Movie” y exagerando un poco más, vale la pena aclarar que nada tiene que ver “La colmena” de Cela con el dulce sabor del preciado néctar.
Haciendo memoria sobre la miel recuerdo especialmente unos pastelillos deliciosos, bañados en miel, que comí en el Cairo, que además de tener un sabor exquisito me hicieron batir el record del mundo de velocidad en los 1.500 metros que separaban la pastelería del hotel donde me hospedaba.
Este año, en la fiesta de Reyes, al igual que el año pasado tuvimos los mismos invitados en casa. El año pasado la sopa gansa relataba las excelencias del rollo de carne relleno que, paradójicamente, los invitados traían y que había cocinado mi madre. Este año la cocina del tiempo describirá uno de los platos que prepararnos sobre una base de miel para nuestros invitados.

Timbal de anchoa y roquefort con nueces y miel
Se preparan 2 cremas sobre una base de queso en porciones y nata, añadiendo en una roquefort y en la otra anchoa en conserva bien triturada.
Sobre el timbal voy montando una primera capa de miel con trozos de nuez, luego una segunda capa de crema de roquefort y la ultima capa con la crema de queso y anchoa.
Finalmente se sirve cubriendo ligeramente con una reducción de Pedro Ximénez y unos trozos de nuez. Lo acompaño de endivias y pan para untar.
Mi madre, gran cocinera con un estilo muy particular, califico este plato con nota y a ella le dedico este post, también por darme de pequeño leche calentita con miel cuando me dolía la garganta.





