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Los primeros recuerdos que tengo de las ollas a presión es en los años 70 cuando asomaba la cabeza al patio interior, donde vivía, quedando grabado en mi memoria el silbido de las ollas, el olor a cocido andaluz y la voz de Luis del Olmo saliendo a modo eco por las ventanas de las cocinas.
Pero fue en el siglo XVII cuando Denis Papin, físico francés, invento la primera olla a presión, que consistía en un recipiente cerrado, con una tapadera ajustada que aprovechaba la presión del vapor para disminuir el tiempo de cocción de los alimentos.
Aunque quizá fue 17 siglos antes cuando se marco el inicio no solo de la olla a presión sino también de la revolución Industrial; el ingeniero Griego Heron construía una esfera hueca que aprovechaba el agua hirviendo en su interior para girar sobre sí misma a través de dos válvulas de escape situadas a los lados.
La implantación de la olla a presión fue complicada, de hecho mi abuela nunca la usó e incluso mi madre lo hace a regañadientes. Yo la uso en función de la comida y hay algunas comidas heredadas de familia que las suelo hacer como aprendí: a fuego lento durante horas, marcando los tiempos en los que se introduce cada ingrediente y en aquellas viejas ollas, grandes, de color caldera, como la Sobrehúsa de verduras o el relleno de pepitoria.
Pulpo con garbanzos

He utilizado un pulpo pequeño de 1 kilo, que he lavado y he cortado en trozos.
Los garbanzos los he dejado en remojo durante la noche y he utilizado también un tomate, un pimiento verde, media cebolla, 2 dientes de ajos y 4 patatas pequeñas, 1 hoja de laurel, sal, aceite y una cucharadita de pimentón.
En la olla a presión pongo todos los ingredientes juntos con agua y los dejo hervir 25 minutos.
El tiempo de cocción no es indicativo ya que depende de la olla a presión y del pulpo. En mi caso he preparado un pulpo pequeño para 4 personas y he tomado de referencia el tiempo que necesitan los garbanzos. Y este es uno de los inconvenientes que presentan las ollas a presión, que los tiempos de uno no valen para otros y en cada caso nos los va a ir marcando el uso.
No me imagino como Denis Papin catalogaría este plato teniendo en cuenta que en el siglo XVII – en Francia – arranca la Haute Cuisine (La alta Cocina) de la mano de François Pierre la Varenne, rompiendo con la cocina medieval y abriendo paso a la cocina moderna, dejando paso a las hierbas finas en detrimento de las especies tradicionales, introduciendo nuevas legumbres y, sobre todo, centrando la cocina en el paladar y no en el estomago.
Es muy posible que Denis Papin justifique esta receta como fruto de su invento, la olla a presión, y en su honor la preparo, aunque también es muy posible que François Pierre la Verenne la considere un retorno a lo medieval y por eso a François le invitare a comer otro día tratando de emular su escuela.
Oí un escandaloso ruido y con cuidado escuche …
Vivía una vez, hace mucho tiempo – al sur de Turquía – un hortelano y un espantapájaros. Habían sido compañeros mucho tiempo, ambos habían envejecido juntos pero el espantapájaros ya era muy viejo y había perdido el respeto de los pájaros.
Su aspecto era sucio, sus manos eran unos manojos de paja, los cabellos de heno se habían quebrado, la vieja camisa y el pantalón que un día fueran del hortelano estaban hechos tiras y el palo que lo sujetaba al suelo estaba podrido por la humedad.
Los pájaros paseaban con desparpajos entre las plantas de brécol, los ajos, las cebollas y las viñas que él cuidaba. Se posaban en sus brazos en cruz. Las musarañas roían el palo que lo sujetaba al suelo y su dueño se distanciaba de él.
Se dio cuenta que se acababan sus días, vio al hortelano con ropa y un sombrero nuevo pero a él no le había puesto las ropas y el sobrero viejo como otras veces. Había plantado las semillas de la próxima cosecha detrás de la casa y aun no le había trasladado.
Tan desolado estaba que un último intento de agradar a su dueño pidió consejo a los pájaros y a las hortalizas que siempre le habían acompañado.
Una vieja viña, que de sus uvas solo se obtenía vinagre, le dijo “pensemos entre todos una receta que agrade tanto al hortelano que te permita seguir aquí”.
Todos quisieron aportar algo de ellos para el viejo espantapájaros:
- Los gorriones pensaron en unas rodajas de pan que una vez fritas en acetite de oliva se retirarían y se dejarían aparte para añadir los demás ingredientes.
- Los ajos aportaban 3 de sus dientes, que se freirían sobre el mismo aceite y se dejarían junto al pan frito para hacer una salsa.
- En un mortero se prepararía una miga con los picatostes, los ajos fritos, algo de pimienta blanca y un poco de vinagre de las uvas de la vieja viña.
- Las cebollas podrían una cuarta parte de una de ellas partida en juliana que junto con unos trozos de brécol se rehogarían, durante un rato, sobre el aceite del frito de pan y ajos.
- Cuando estuviera rehogado se añadiría la miga de pan que se preparo en el mortero, se pondría un poco de sal y agua si fuese necesario y se subiría el fuego para que tomase color y consistencia.
Todos quedaron convencidos de su éxito y se prepararon para trasmitir la receta al hortelano.
A la mañana siguiente el hortelano estaba cultivando la hortaliza y sobre su cabeza sobrevolaban los gorriones con gran alboroto y alegría contándole como preparar aquella receta. Las cebollas, ajos, los brécoles y la viña se desgañitaban contándole como cocinar un nuevo plato, pero ante aquel escándalo el hortelano pensó que el espantapájaros ya no servía para nada y le dio un golpe en su pie de madera tirándolo al suelo para siempre y marchándose luego a almorzar la misma comida de todos los días.
… dos gorriones, con gran revuelo y los ojos vidriosos, llorando en mi ventana, contando esta vieja historia que desde aquel dia repetían sin que nadie les escuchase.

Fui a la cocina y con gran cariño prepare la receta del viejo espantapájaros.
(*)Cuento original de Moisés C., sobre una receta original de mi madre.
En un lugar de la sierra de Huelva de cuyo nombre…….. Así comienza la matanza

Y así termina…… (Foto de chacinas preparadas hace 20 días)….

“….Un buen caldo lardero con costillas de cerdo era ideal para sentar el estómago y permitir saborear los raviolis, ya fueran rellenos de tuétano de buey y servidos con azúcar o cubiertos de queso, azúcar y canela. Los comensales podían continuar con la tortilla hecha con parmesano, piñones, pasas de uva, menta y mejorana machacada….”
“….Pero todos estos animales son la vida, y sin ellos no sabríamos que meternos en la panza durante los días de fiesta. Además, el cerdo salado se conserva bien, su manteca dura todo el año y alimenta incluso las mechas de las linternas…”
Cuando decidí comenzar este blog tome varias referencias literario-gastronómicas y desde ese primer día un ejemplar da vueltas sobre mi mesa. Hoy he tomado de él esta primera referencia. Como define su portada: Fascinante novela histórica de intriga, erotismo y gastronomía en pleno renacimiento.
Es un libro difícil. Abrí una página al azar y de allí tomaría una referencia para preparar un plato,… bueno probare con otra página y así pasaban las páginas.
“Sujetas con cadenas a las vigas negras del techo, había celosías de madera, donde se conservaban jamones, tocinos, salchichones y los más variados quesos, para defenderlos de los insaciables dientes de las gallarda ratas del puerto.”
Orazio Bagnasco recrea, en el siglo XV, este particular Banquete para la boda de Gian Galeazzo e Isabel de Aragón
El origen de la matanza es bastante impreciso. Por lo que a mí respecta tengo recuerdos haber visto una matanza de pequeño. (Omitire relatos y fotos no apropiadas).
La matanza es un rito y una costumbre, un día o dos de trabajo muy duro, desde temprano. Tengo referencias de matanzas en varias zonas de España y aunque en lo sustancial es lo mismo – preparar y conservar los productos del cerdo para consumir durante un periodo de tiempo - la forma, los preparados y el rito son diferentes.
Los cerdos ibéricos pesados con una romana, entre 18 y 21 arrobas.
Jamones y paletillas, que una vez salados durante 21 días se curaran por un periodo mínimo de 11 meses.
Por orden de preferencia, también muy apreciados los solomillos, lomos y presas.
Y otros productos sabrosos pero grasos: el secreto, la pluma, los costillares, el tocino, las mantecas y vísceras.
Al final de la mañana un picadillo con sangre cocida, tomate, cebolla y caballa en aceite – sabrosa y extraña mezcla- acompañado con vino, cerveza, pan de pueblo y carne a la parrilla.


En una mesa se limpian las tripas para conservar chacinas y de las mantecas se separa la pella con la que van a embutir presas o lomos.
Alguien removía, con la mano, sin parar, la sangre que se utilizaría para las morcillas.
Las cabezas y lenguas cocidas con pimienta, sal, laurel y ajo, serán la base de un queso de cabeza de cerdo, una vez separada la carne del hueso y cortada en pequeños trozos.
¡A quien le guste la grasa y el vino tiene el día hecho! . Y al día siguiente….
Puntas de costilla ibérica en salsa
La punta de costilla iberica no se suele encontrar en los mercados y si se encuentran su precio está entre 0.60 y 1€ el kilo. En el mercado del Carmen de Huelva hay un puesto que suele tenerla, en pueblos de la sierra donde hay matadero también la suelen tener y en Sevilla hay una carnicería de productos de Huelva (C/ Luis Montoto, enfrente de la Cruz del Campo) en la que tienen todos los viernes.

Las puntas de costilla se ponen, sin aceite, en una sartén para que suelten gran parte de la grasa, no las dejo mucho rato al fuego, lo suelo hacer a ojo y no por tiempo, procurando de la carne pierda mucho jugo. Cuando estén listas las saco a un plato.
En una sartén pongo aceitey se frien 3 dientes de ajo y luego 2 ó 3 picatostes (rebanadas de pan); los ajos y los picatostes los dejo en un mortero para hacer la salsa.
En el aceite de de haber frito los ajos pongo unas semillas de comino, una hoja de laurel y 1 clavo y un momento después añado una cebolla mediana muy picada, que dejo rehogar un rato. Yo en la cocina no mido tiempos, lo hago probando y a ojo.
En una cacerola pongo las costillas, el sofrito y sazono; lo cubro ligeramente con agua, pongo un poco de colorante y lo dejo hervir a fuego lento, semi-tapado, unos 20 minutos.
Se maja el ajo con el pan frito, con un poco de vino manzanilla y se vierte sobre las costillas añadiendo agua si es necesario, pero cuidando que no quede aguado. Se deja al fuego unos 15 minutos más.
Efemérides – Huelva, 6 de febrero de 2124
Tal día como hoy del año 2010 el Mercado del Carmen de Huelva, cerró sus puertas para no abrirlas más.
Era un muestrario de la riqueza gastronómica de esa zona del Atlántico ya entonces diezmada:
……….Sargos, caballas, rubios, robalos, merluzas y pescadas, pijotas y boquerones, anchovas, San Pedros, tapas, acedias, atunes, bonitos y melvas, pargos, besugos, salmonetes, calamares, chocos, chocos y chocos, puntillitas y almendritas, rayas y borriquetes, rapes, bailas, pez espada, herreras y mojarras, doradas y morralla, corvinas y corvinatas, tambores, lenguados, sardinas, cañaillas, chirlas, almejas, mejillones y berdigones, coquinas, langostinos, palometas, camarones, bocas y cuerpos, pescadillas, huevas, cigalas, salmón, marrajo, cazón y aguja, pulpos, longuerones, carabineros, gallos, galeras, jureles y arañas, trompeteros y rodaballos, meros, percas y bacalao, bueyes, centollos, brecas y gambas, gambas y gambas,.…
Hace años que la mayoría de esas especies desaparecieron.
Desde 1868, fue testigo de la vida cotidiana de los onubenses; una vida que según cuentan podía ser como aquella mañana, en su última navidad, del año 2009.
Comments:
Anónimo, (7 de febrero de 2124), dijo:
Mi abuelo vivió en allí, llego a Huelva en Abril del año 2004. Mi padre me ha contado mil veces su historia: Después de 25 años viviendo en Madrid, la primera semana que llego a Huelva ceno todas las noches boquerones, durante 7 días.
Desde los primeros días de estancia en Huelva solía ir al mercado casi todos los sábados, siempre acompañado de mi padre, su hijo, que en aquella época tenía un mes – una veces en carrito, otras en bicicleta, otras andando – hasta que lo cerraron en el año 2010. Mi padre siempre le pedía que comprase churros, que solían comer por el camino de vuelta.
Me conto mi padre como fue la última vez que mi abuelo fue a aquel mercado: Unos días antes de su cierre, dio un rodeo y cruzo por el mercado, aquel último día compro unas acedias y un borriquete (El pescadero le conto que aquella especie era llamada en Portugal “Sargo mulato”). Me dejo la receta y las fotos de cómo lo cocino que compartiré con vosotros:
Rehogó ligeramente unas cebollas y patatas cortadas en rodajes en una sartén con aceite de oliva, puso el horno a 200 grados y en una bandeja coloco el borriquete, rociándolo con sal gorda y luego cubriéndolo con la cebolla, las patatas y un poco de aceite, puso algo más de sal y lo dejo unos 30 minutos al horno.
El navegante, (8 de febrero de 2124), dijo:
Hola anónimo, yo conocí a tu abuelo, le gustaba mucho la cocina. Yo solía esperarlo algunos días en un parque camino de su trabajo para hablar con él.
Comento su malestar por el derribo del mercado, y se hartaba de preguntarse porque no se había rehabilitado como el mercado de Cádiz.
Se quejaba que Huelva dejaba perder parte de su historia, y así casi nadie recordaba el Castillo del Cabezo de San Pedro, La puerta de Huelva, el viejo colombino, la vieja pescadería, la fábrica de Harinas, el balneario del Odiel, el cenador de la glorieta Norte, El muelle Norte, la avenida de la Rábida que dejo a paso a Francisco Montenegro, – rompiendo el muelle del tinto y trasladando el banco de las naciones Americanas-, la importante flota pesquera a vapor, la casa de los Garrochos, …..
Te resultara extraño que yo pudiera conocer a tu abuelo después de más de 100 años; desgraciadamente estoy condenado a conocer a mucha gente que se marchara antes que yo. Tu abuelo escribía una especie de diario sobre nuestros encuentros, búscalo y quizás puedas entender algo que él nunca noto hasta hace unos años.
Mc, (8 de febrero de 2124), dijo:
Hola anónimo, el navegante me ha hablado de este post y he querido escribir unas líneas.
El navegante y yo nos conocimos en el año 2009, en el desaparecido Parque de Zafra, solíamos hablar algunas tardes, hasta que llego un día desde el que ya nos vemos de forma habitual.
Imagínate alguien, que por desgracia, un día pierde su memoria y todos sus recuerdos; es como si hubiese perdido su vida, su historia.
Como vamos a entender el futuro si dejamos perder nuestra historia?
Café solo, Americano, con leche o cortado,….. Irlandés, Vienes, Escocés, Turco o Capuchino……
Y a mí lo primero que se me viene a la cabeza cuando pienso en café es Quentin Tarantino y su película “Pulp Fiction”; el dialogo en una cafetería marca el inicio y el fin de varias historias entrelazadas con humor, ironía y ritmo.
“-Pumpkin: Garzon, café!
- Camarera: Garzon significa chico!
……………………………..
-Pumpkin: Everybody be cool this is a robbery!
- Honey bunny: Any of you fuckin’ pricks move and i’ll execute every motherfucking last one of you! …
…(y a partir de ahí la guitarra de Dick Dale da paso a Misirlou, mítica y preciosa canción que ya también apareció en 1963 en la película “A Swingin’ Affair”)
………………………………”
El café está presente en nuestras vidas, durante todo el día y es el complemento perfecto de una comida: “Café, copa y puro….” (hoy en día esto está casi feo decirlo!)
Mi abuela preparaba una bebida que llamaba Arresol (si no era así, era un nombre parecido), la hacía con café al que le añadía algo de azúcar, anís y hielo y lo tomaban en las calurosas tardes de verano.

A mí el café me gusta “americano”, la cantidad de café de “un café solo” y 2 veces más agua. Comienzo la mañana en la oficina con una taza de café, hasta arriba de unos 250 cc. que tomo a sorbitos como si de agua se tratara durante un rato, después de comer vuelvo a repetir la función y si a las 7 de la tarde alguien toma una coca cola a mí lo que me apetece es un café americano. Supongo que es adicción a la cafeína.
La planta productora del café es el cafeto que tiene su origen en Abisinia, siendo en Yemen donde existe la primera constancia del cultivo del cafeto para el consumo de café.
Los musulmanes con su expansión llevaron consigo el consumo por todo Oriente Medio, acompañándolo de leyendas sobre su consumo y origen.
La exportación del café fue tardía debido al monopolio Árabe que pretendía mantener el control de la producción y así su comercio.
En la mitad del siglo XVII llega a Europa. En 1690 fue un holandés quien consiguió aclimatar la planta que luego llevaron a los jardines botánicos de toda Europa, siendo denominada en Francia como Jazmín de Arabia.
La expansión definitiva se debe a Gabriel Mathieu que trasporto varias plantas desde Francia a la Martinica, de allí se traslado a Colombia, donde el cultivo se expandió rápidamente, llegando a ser el mayor exportador de café suave del mundo, siendo Brasil el mayor productor.
Las primeras cafeterías se conocen en el Cairo y luego en Turquía, donde las “casas de café” alcanzaron gran popularidad y esplendor.
Las cafeterías se fueron extendiendo por Europa como centros de dialogo político e intelectual, primero en Venecia, luego en Viena, Paris, y llegan a España a final del siglo XVIII, donde a lo largo del siglo XIX y XX se convirtieron en tribuna pública de conspiración, centros de reunión de ideas progresista y liberales, y cuna de corrientes literarias.
En los cafés nacen “las tertulias” como Benito Pérez Galdós retrata perfectamente en “la Fontana de Oro”
Los europeos, en la edad media, buscaban de forma obsesiva la ruta de las especias que provenientes de oriente podían elevar 5.000 veces su valor respecto a su mercado de origen.
Los musulmanes dominaban el tráfico marítimo del Índico y no iban a permitir compartir un mercado que los convertía en el núcleo del comercio de la época.
Así los europeos estaban obligados a recurrir mercados como el del Cairo, “Jan el-Jailli” , que abrió sus puertas en el siglo XIII – y aun se conserva -, para adquirir las preciadas especias. Especias que eran una solución para la comida insípida o rancia; la pimienta de la India, la canela de Ceilán, y de las Moluccas: la nuez moscada, el clavo – conservante de la carne, que calentaba el estomago y disipaba el miedo a los débiles de espíritu – y la mirra – especie medicinal que depuraba la sangre, limpiaba el estomago y la piel-.
Portugueses, italianos, españoles, … agudizaban el ingenio, buscando rutas alternativas para el comercio.

Amigo Colon, que fuiste buscando especias – inspirado por Marco Polo – y en cambio prometías oro y nuevas almas para la iglesia a los monarcas españoles, ¡tu sabias donde ibas!.
- Yo creo que puedo entender tu postura: ¿Como ibas a convencer a alguien contándole que tu destino era un sitio nuevo, que nadie conocía y que no estaba en el mapa?, o quizá ¿temías poder convencer a alguien que te creyera y se anticipara a ti?.
- Yo no te prometo oro, pero te convidare a unas codornices cocinadas con especias, con un estilo hindú, no de tu india, sino de la que hiciste creer a Isabel que llegarías cruzando el ancho mar.

Limpio las codornices, sin piel, dándoles un corte con una tijera por la parte de la espalda y cortando la parte interior el hueso de la pechuga para que se quede bien abierta.
Se pone en una sartén aceite de oliva y se añade una hoja de laurel y cominos en grano, cuando empieza a calentarse el aceite se añade cebolla muy picada, el jengibre y el ajo.
Un poco después tomate muy picado y al momento un yogur, moviendo de forma continúa para que no se cuaje.
Cuando el sofrito lleva unos minutos se añade, el garam masala (*)
A continuación se ponen las codornices, se añade sal, y una cuando estén doradas se pone un vaso de agua dejando hervir sin tapar.
Se sirven con el cilantro fresco picado.
(*) Garam Masala: Es una mezcla de semillas muy usada en la gastronomía india, con diferentes variantes dependiendo de la zona. Yo he realizado la mezcla en un mortero, muy picada, y he empleado algunas de las especias que tenía en casa, (no he abusado de las especias): semilla de cilantro e hinojo, clavo, canela, nuez moscada, cardamomo y pimienta negra.
Christophorus Columbus, yo también he hecho trampas en este plato que te ofrecí: introduje unos trocitos muy picaditos de jamón en el sofrito, me salte el yogur –porque no tenía en casa- y el agua de la cocción la dividí por dos, añadiendo una copita de manzanilla. Tambien un resultado no esperado y exquisito.
Algo hemos tenido en común, que ambos callamos: ni tú querías ir a la India, ni yo iba a poner el yogur en el plato indio, pero algo nos diferencío: yo no pude guardar mi secreto más de unos días y 10 líneas, y tú te marchaste sin contar nada.
(La receta es tal como aparece descrita en la cocina india. Los trocitos de jamón los incorpore un poco antes que la cebolla, para que estuvieran crujientes)
Esa conducta adictiva, denominada “Chocoholic” por los ingleses, tiene su origen en Centroamérica; donde los españoles, hace algo más de 500 años, tenemos la primera constancia de la existencia de una bebida que los Doctores en física de la época denominaron medicinal, dedicando extensos tratados sobre su naturaleza y propiedades. Bien pudo ser Cristóbal Colon el primer europeo que tomo chocolate.

Thomas Gage, misionero ingles y uno de los primeros viajeros no españoles que recorrió el continente americano, relata en su libro “Viajes por la nueva España y Guatemala”: …que el chocolate es un nombre indio, compuesto de 2 palabras, “atte” que en la lengua Mejicana de entonces significaba agua y “choc” que es el sonido que producía la bebida al agitarse en el recipiente donde se preparaba.
Y esa mezcla de agua y Cacao burbujeando es un juego de palabras utilizadas, de forma inteligente, para denominar situaciones que se encuentran en ebullición, al límite, a punto de explotar, como el agua hirviendo que lista para añadir el chocolate dio nombre a la novela que cuenta una historia plagada de recetas (las codornices en pétalos de rosas, el caldo de colota de res, el chorizo norteño, hasta 12, una por cada mes ) que sirvió de pretexto para que la hija de Esperanza narre la vida de su tía abuela Tita, que podía trasmitir su estado de ánimo a través de las recetas a los comensales, influyéndoles en el amor, la lujuria y hasta en la misma muerte.
He repasado y releído las 12 recetas y finalmente desisto de preparar alguno de esos platillos por falta de ingredientes, además de no estar a la altura de la maestría de Tita.
Por hacer honores al chocolate y con gran sacrificio por la aversión que sufro a los azucares, no pasare de bañar una fresas, las primeras de la temporada, y unas nueces con chocolate, nata y mantequilla, dejándolas reposar en el frigorífico para que el chocolate cuaje.

…la hija de Esperanza cocina y con la más dulce melancolía nos recuerda que mientras sigamos cocinando las recetas de su tía abuela Tita, esta seguirá viviendo….
¡Cuántas veces recordamos a personas que ya no estan, en la cocina!…………… “así es como lo preparaba la abuela”…
Recuerdo que cuando me dolía la garganta siendo pequeño me daban leche caliente con miel para aliviarme; costumbre que sigo manteniendo.
Las referencias históricas a la miel son innumerables, de lo que he leído lo más antiguo se remonta a 7000 años antes de Cristo en representaciones rupestres, también se utilizaba en el antiguo Egipto, para griegos era un complemento en la cocina para elaborar salsas y guisos y un manjar muy apreciado para los romanos que lo utilizaban en la elaboración de pasteles, acompañamiento de carnes y el mulsum, una mezcla de vino y miel que se bebía antes de las comidas.
Citas literarias e históricas a la miel son infinitas, pero quizás las más conocidas en la actualidad sean el famoso refrán “no está hecha la miel para la boca del asno” o las referencias en la película “Bee Movie” y exagerando un poco más, vale la pena aclarar que nada tiene que ver “La colmena” de Cela con el dulce sabor del preciado néctar.
Haciendo memoria sobre la miel recuerdo especialmente unos pastelillos deliciosos, bañados en miel, que comí en el Cairo, que además de tener un sabor exquisito me hicieron batir el record del mundo de velocidad en los 1.500 metros que separaban la pastelería del hotel donde me hospedaba.
Este año, en la fiesta de Reyes, al igual que el año pasado tuvimos los mismos invitados en casa. El año pasado la sopa gansa relataba las excelencias del rollo de carne relleno que, paradójicamente, los invitados traían y que había cocinado mi madre. Este año la cocina del tiempo describirá uno de los platos que prepararnos sobre una base de miel para nuestros invitados.

Timbal de anchoa y roquefort con nueces y miel
Se preparan 2 cremas sobre una base de queso en porciones y nata, añadiendo en una roquefort y en la otra anchoa en conserva bien triturada.
Sobre el timbal voy montando una primera capa de miel con trozos de nuez, luego una segunda capa de crema de roquefort y la ultima capa con la crema de queso y anchoa.
Finalmente se sirve cubriendo ligeramente con una reducción de Pedro Ximénez y unos trozos de nuez. Lo acompaño de endivias y pan para untar.
Mi madre, gran cocinera con un estilo muy particular, califico este plato con nota y a ella le dedico este post, también por darme de pequeño leche calentita con miel cuando me dolía la garganta.
“Ref: La sopa gansa – Lomo relleno”
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Sobre este blog La cocina del tiempo va a utilizar la cocina como pretexto para presentar personajes actuales o históricos, reales o irreales, que pasaran por mi mesa, con la visión particular del que escribe.
También es una ayuda para recordar las recetas que preparo.
Entro en la cocina sin saber lo que voy a hacer y cuando termino me digo; esto lo tengo que repetir!, pasado un tiempo ya no recuerdo como lo hice.
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